miércoles, 14 de junio de 2017

Humanos, corazas y mochilas - Relato breve



Es sabido que la gente lleva corazas a sus espaldas. Las corazas se transforman en mochilas de contenido variado, acorde a las vivencias de su portador y cuán apegado sea éste a guardar algo todo los días.
Algunas duelen y otras no tanto. Las hay de distintos tamaños y colores pero, sin duda, lo que tienen en común es que todas son pesadas.
Varían según la edad y la profesión. En los ancianos son etéreas, parecidas a las alas de un ángel. Las de los jóvenes son las más ligeras pues llevan el porvenir.
Los equilibristas arrojan las suyas al vacío, mientras están en altura, las cuales caen como espadas entre el público azorado, desparramando mutismo y asombro.
En cambio, los payasos, las llenan de risas estruendosas pero de corta vida. Son las más curiosas, ya que pueden contener desde un gato hasta una sopapa vieja. Dicen, por si las moscas.
En cambio, las de las mujeres son muy especiales. A ellas les encanta guardar, entre otros menesteres, sombras de un viejo amor y un botiquín de primeros auxilios para algún alma herida que aparezca en su camino. En los bolsillos laterales, bien a mano, están las caricias, y en un bolsillo oculto, los secretos del tiempo. Sin duda, estas mochilas tienen un valor incalculable.
Las más caprichosas son las mochilas de escritor, ya que funcionan,  como un saco roto. Cuando se mete la mano para buscar palabras, las muy atrevidas se esconden y no hay modo de hallar nada dentro. O por el contrario, saltan las frases innecesarias, las incordes, las que no riman.
Hasta que por arte de magia, se produce el milagro.
Brotan las ideas como una catarata que inunda las calles y comienzan a rodar por el mundo.
Es, ese preciso instante, en el cual la mochila deja de pesar, sólo por un rato.

Adriana M. Alfonso



Foto: Mochilera en montaña

Agobio - Relato corto



 Hace frío. Los pies helados me duelen, es hora de abrigarse. A esta altura de la noche las temperaturas descienden, caprichosamente, aunque todavía no haya llegado el invierno.
Estoy inquieta. Siento algo pesado en la espalda y no es el frío. Pesado, pesar, algo que pesa. La tristeza o la humedad. Espero no sea nada grave, el comienzo de un resfrío, tal vez.  Debo vigilar el agobio. Dicen que puede transformarse en una bestia indomable si no se descubre a tiempo.

Como Gregorio Samsa. El desdichado no se dio cuenta que un bagaje de penurias contenidas lo llevarían a terrible destino. Ni siquiera sospechó y un día, al despertar, se descubrió con ese inmenso caparazón que lo separó del mundo. ¿Cómo alguien podría convertirse en un inmenso cascarudo? Suena inverosímil.

Mejor me daré un baño bien caliente.
¡Oh!-  ¿Qué son estas espuelas marrones que asoman entre mis omoplatos? Juro que ayer no las tenía. ¿De dónde ha salido tan tupida vellosidad en mi espalda?
Tendré que ir a ver a un doctor la semana que viene…

Adriana Mabel Alfonso

Foto: Mecuro-B.-Cotto-mujer-espejo




martes, 11 de abril de 2017

CUENTOS PARA DESPABILAR EL ALMA

Cuentos para Despabilar el Alma

Cuentos para despabilar el alma es un libro escrito entre 2002 y 2003, que recopila historias que fluyeron de mí, en un momento especial de mi vida. 
Luego de una larga siesta dentro de un archivo de PC, se encuentran maduras para salir a la luz. 
He decidido publicarlo, y es el primero de mis libros.
Aquí lo comparto con uds y pueden acceder al mismo de manera gratuita.

Sólo tienen que hacer click en este link y pueden acceder a descargarlo:

https://www.dropbox.com/s/cjrwm6jtf8b2hqj/Cuentos%20para%20despabilar%20el%20alma.pdf?dl=0
Espero lo disfruten y por supuesto me encantará recibir sus comentarios.


jueves, 30 de marzo de 2017

ALCANZA TU SUEÑO - Mahatma Gandhi




Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal.
Pero sé paciente, no pretendiendo
que todo te llegue de inmediato.


 Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo,
vendrá a tus manos en el momento oportuno.


Aprende a esperar el momento exacto
para recibir los beneficios que reclamas.


Espera con paciencia a que maduren los frutos
para poder apreciar debidamente su dulzura.


No seas esclavo del pasado
y los recuerdos tristes.


No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.

¡Lo que pasó, pasó!


De ahora en adelante procura construir
una vida nueva, dirigida hacia lo alto
y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.

 

Haz como el sol que nace cada día,
sin acordarse de la noche que pasó.


Sólo contempla la meta
y no veas que tan difícil es alcanzarla.


No te detengas en lo malo que has hecho;
camina en lo bueno que puedes hacer.


No te culpes por lo que hiciste,
más bien decídete a cambiar.


No trates que otros cambien;
sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.


Deja que el amor te toque
y no te defiendas de él.




Vive cada día, aprovecha el pasado para bien
y deja que el futuro llegue a su tiempo.


No sufras por lo que viene, recuerda que
“cada día tiene su propio afán”.


Busca a alguien con quien compartir tus luchas
hacia la libertad; una persona que te entienda,
te apoye y te acompañe en ella.


Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona,
despréndete de ella y ámala,
sin pedirle nada a cambio.


Aprende a mirarte con amor y respeto,
piensa en ti como en algo precioso.


Desparrama en todas partes
la alegría que hay dentro de ti.


Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar
la tristeza de todos los que te rodean.


La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido,
iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía
a todos los que se acercan a nosotros.




Si en tu interior hay luz y dejas abiertas
las ventanas de tu alma, por medio de la alegría,
todos los que pasan por la calle en tinieblas,
serán iluminados por tu luz.


Trabajo es sinónimo de nobleza.

No desprecies el trabajo
que te toca realizar en la vida.


El trabajo ennoblece a aquellos
que lo realizan con entusiasmo y amor.


No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.


Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño
y así te valorarás a ti mismo.


Dios nos ha creado para realizar un sueño.
Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.


Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos,
quizás entonces necesitemos hacer
un alto en el camino y experimentar
un cambio radical en nuestras vidas.


Así, con otro aspecto, con otras posibilidades
y con la gracia de Dios, lo haremos.


No te des por vencido, piensa que si Dios
te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.


El éxito en la vida no se mide
por lo que has logrado,
sino por los obstáculos que has tenido
que enfrentar en el camino.


Tú y sólo tú escoges la manera
en que vas a afectar el corazón de otros
y esas decisiones son de lo que se trata la vida.


“Que este día sea el mejor de tu vida
para alcanzar tus sueños”


“Sé tu mismo el cambio que quieres ver en el mundo.”

~ Mahatma Gandhi ~ 

lunes, 9 de enero de 2017

8 Consejos a la Hora de un Cambio a una Vida New Age


“Cuando nos damos cuenta de lo insostenible de nuestro camino actual, y de que puede haber una ruta más satisfactoria, estamos listos para descubrir la finalidad de nuestra alma de un modo conciente.” La misión de tu alma – Linda Brady


Si algo adoro de estos tiempos acuarianos es la caída de los falsos gurúes.
Lo hermético se abre y el conocimiento es recuperado. Siempre y cuando entendamos el mensaje de lo que significa ese Cambio.

Cada uno tiene su propio maestro interior. Eso lo vamos entendiendo, razón por la cual los falsos gurúes se van desvaneciendo.

El tránsito de Saturno por Sagitario aporta inmensa ayuda para liberarnos de las ataduras que aún tenemos. Hasta ahora buscábamos la verdad afuera, alguien que nos guíe, un salvador que nos diga por donde es el camino, pero eso ya no sirve.

¿Estamos preparados para ejercer nuestra autonomía como seres multi  dimensionales? Reconocer nuestro poder es fundamental. Somos seres espirituales en trajes humanos.

He sentido la necesidad de escribir sobre algunas cuestiones que suelen sorprender a quienes deciden, por diversos avatares de la vida, iniciar un camino espiritual, les urge un cambio hacia una vida New Age. Un problema de salud, la quiebra financiera, o un ser querido que dejó este mundo pueden ser motivos para conducirnos a una búsqueda interior.

Más allá de lo doloroso que pueda ser el tránsito es la instancia que puede marcar un antes y un después en nuestras vidas. ¡Bendito sea el momento en que esto acontece!.Tomamos la decisión y vamos hacia el bienestar. Pero, como ocurre en todos los ámbitos, puede haber piedras en el camino.

Al poco tiempo de iniciar esa búsqueda de todo aquello que nos hagan sentir bien, que nos lleve a comprender algo más sobre nosotros mismos, empezamos a entender que no todo es color de rosa. Sentimos esa necesidad de búsqueda interior, el alma nos llama a hacer un cambio. Nos interesamos por comenzar a cambiar hábitos de vida, nos informamos, averiguamos, aparece un buen amigo que nos recomienda hacer algún curso, alguna terapia. Comenzamos un recorrido por diversas terapias, yoga, reiki, tarot, astrología, registros akáshicos, etc. Una lista  interminable de técnicas, algunas más conocidas y otras que no tanto.

Es asombroso cómo cada dia aparecen técnicas nuevas canalizadas por algún nuevo maestro.

Ante la infinidad de ofertas de terapias y técnicas espirituales casi nos mareamos. Como el universo nos trae lo que estamos buscando se nos aparecen diversidad de terapeutas, facilitadores, coaches, “givers”, “maestros”, y hasta “maestros de maestros( Oh Dios mío!). “Busca y encontrarás”.

Aquí es donde llega el momento en el cual tienes que agudizar tu “intuición” Sí, se lo que que estás pensando. “¿De qué intuición habla esta mujer? ¡Si yo no tengo intuición!” Pues sí, tu intuición está latente en ti, todos la tenemos. Es esa sensación en el cuerpo que te indica algo, una corazonada, un pensamiento. Por ejemplo si al llegar al lugar donde harás ese curso tan esperado sientes que algo no anda bien y te dices: Mmm algo aquí me huele mal” pero no sabes bien qué es. Ok, es el momento de huir. Si tu intuición te dice que algo no anda bien ahí, sal corriendo. No dejes que nada ni nadie intente convencerte de lo contrario, por más que te digan que al irte te perderás la Iluminación para siempre y quedarás condenada al camino de la Oscuridad. 

Es que en este camino de la espiritualidad hay de todo, como te decía, no todo es color de rosa. Como en todos los ámbitos, por supuesto. Puede ocurrir que aparezcan personajes que se quieran aprovechar de un tierno corderito como tú que recién se inicia en estos menesteres de la espiritualidad, de la Vida New Age.  Cuyo unico interés sea lucrar contigo. ¿Difícil darte cuenta de quien quiere engañarte a cambio de dejarte pelado como un pollito? No, usa tu intuición, la corazonada te lo dirá. Por supuesto que si no tienes conocimiento ¿como puedes refutar al que supuestamente “sabe”? 

Intuición, sentido común y no entregar tu poder a ciegas, son la clave.

Nadie puede dominarte ni tiene la verdad absoluta.

Mira, para que no te sientas mal, en mis comienzos he llegado a escuchar a quien se hacía llamar “terapeuta” (que resultó ser un gran estafador) decir que “si haces running los chakras se te caerán”, por eso les indicaba a sus clientes no salir a correr.

¡Ay Dios mío! ¡Cómo alguien puede decir semejante estupidez! Los chakras o centros de energía son parte de tu campo aúrico, pueden sufrir cambios pero no se caen ni los pierdes por el camino. Es como si alguien te dijera, no corras porque se te van a caer las ideas. Bueh… 

Y así para acceder al bienestar o al conocimiento podemos llegar a pagar un alto precio. Pero el dinero sería lo menos importante de perder.

Es muy impactante ver como inescrupulosos con un gran bolazo de mentiras se aprovechan de personas con problemas de salud.

Quizá estés pensando ¿cómo alguien puede aprovecharse de una persona que busca ayuda porque quiere superar un cáncer? Pues los hay, y sin nada de escrúpulos. Por eso abre bien los ojos y, por sobre todo, tu intuición. Sí, sólo tienes que aprender a escucharla.

Por eso, si estas por incursionar en algún curso o terapia alternativa que un amigo te ha recomendado, y que si o si tienes que hacer para sentirte mejor, ten en cuenta estos humildes consejos que aquí van:

1)     Si estás en un lugar y no te sientes a gusto, retírate.

2)     Las terapias energéticas, son energéticas, nadie necesita tocarte para transmitirte energía.


3)     Si alguien se hace llamar Maestro, al menos permítete el beneficio de la duda. Ten en cuenta que los grandes Maestros espirituales son humildes.

4)     Si alguien se hace llamar Profesor, pregunta: ¿profesor de qué eres? He conocido gente que imparte cursos de diferentes Terapias Alternativas y se hace llamar Profesor, luego averiguas un poco y es profesor de Matemáticas o de Historia.


5)     En el campo de las Terapias Alternativas y conocimientos espirituales nadie es más que tú. Todos tenemos dones, si alguien dice que tiene dones, que tú no tienes, permítete el beneficio de la duda. Nunca dejes que nadie te haga sentir que eres menos. No dejes que te manipulen. Si alguien te dice: Tienes un trabajo o una brujería, pues ten cuidado, ya que su intención es sacarte el dinero a cambio de “salvarte”.


6)     Si alguien, que no sea un médico, psicólogo, profesional acreditado,  pretende inculcarte miedo manipulándote a partir de decirte que la única salvación que tienes es que sigas con su “terapia” (pagándole o trabajando para ellos), lo mejor es que huyas. ¡Eres libre!. Nunca olvides eso, y puedes decidir siempre. Nadie puede obligarte a hacer lo que no quieres, por más maestro sanador, profesor o terapeuta que sea.


7)     Si a pesar de todo eres víctima de algún engaño, bueno será experiencia, ya la próxima no caerás tan fácilmente y los reconocerás a la distancia, e incluso podrás alertar a otros. Todo ocurre por algo.


8)     No creas todo lo que te dicen, incluso lo que aquí te digo. Averigua. Investiga. Usa el sentido común, y sobre todo haz lo que te haga sentir bien, lo que te haga sentir realmente libre y feliz.

¿Has pasado por alguna situación en la que te sentiste desencantado o incluso estafado en tu expectativa respecto a algún terapeuta espiritual o profesor?


 

“Cuando nos damos cuenta de lo insostenible de nuestro camino actual, y de que puede haber una ruta más satisfactoria, estamos listos para descubrir la finalidad de nuestra alma de un modo conciente.” La misión de tu alma – Linda Brady

 

domingo, 16 de octubre de 2016

El Gen (del Blog Cuentos en Sincronía)


El gen

De tal palo, tal astilla.
Refrán
La puerta se entreabre, dando paso a un chirrido crepitante. Las paredes del Estudio se estremecen y tiemblan hasta los cimientos. Ernesto Belaustegui, fotógrafo y dueño de la casa está sentado en su escritorio y se despabila ante la figura crepuscular de Doña Ignacia de los Remedios Cárdenas Anzorregui de Belinzona. El silencio espesa una vez más la tarde. Detrás, una sonrisa de Giocconda, la mueca triunfal de Margarita, su hijastra, albergando el dulzor de la victoria.
– Buenas tardes, Ernesto Belaustegui a sus órdenes. ¿Qué se le ofrece? dice el hombre de corrido para cortar la atmósfera.
– ¡No tan buenas, Don Ernesto, no tan buenas! bastoneando con la sombrilla sobre el gris del mosaico.
El tono de la mujer lo sacude.Comienza a sudar. Saca el pañuelo y se lo pasa por la frente. De la mirada de Doña Ignacia algo no le gusta, un destello hiriente que asfixia.
– Mi esposo, el Coronel Belinzona, hace un tiempo me había pedido que le encargara  a usted un trabajo de… – y señala a la jovencita con la cabeza.
– Ah… ¿sí?
– La señora Iribarne, su mejor clienta, me ha mostrado las fotos que usted obtuvo de la familia.
– Si, si, si. Así es.
-¿Usted sábe quién es el Coronel? Bueno, si no lo sabe, se lo recomiendo: Averíguelo. El punto aquí, mi querido, es que él, antes de emprender su  viaje, me pidió le haga sacar a «su niña» unos retratos.
-¿Se acuerda de la niña?- acercándosele a la cara. – Claro, de mí no creo, se acuerde, porque la que acompañó a la señorita fue Miss Patrick, nuestra benemérita institutriz. De cuna irlandesa, además de inglés y español, francés e italiano, maneja el latín como nadie. Piano y artes plásticas. En esos menesteres también adiestra a la joven, como corresponde a una niña de su clase.

– Qué bien. Ahora… estimada señora, ¿no se habrá tomado la molestia de venir hasta aquí  para hablarme de su institutriz? Es que justo hoy tengo bastante trabajo. Otro día, y si quiere, nos sentamos a conversar un rato más. La invito con un copita de jeréz y…
¿Le parece bien? Pero ahora, por favor, vayamos a qué la trae por aquí.
– ¿Me está echando?¡Osa echarme! ¡Además de un… un… ¡libertino! es usted muy… muy… rústico. ¡Claro, como todos los de su calaña! ¡Ay! ¡Padrecito Santo! ¡Sálvame de las garras de este pecador! haciéndose la señal de la cruz.
– No, no, no, para nada, señora, no la echo ni está en mi afán ser descortés. La verdad, no sé a qué se refiere…
– ¡No sé nada! ¡No sé nada! ¡Siempre dicen lo mismo! ¡Ustedes son todos iguales!
– ¿Ustedes? ¿De qué habla señora?
– ¡Los que son como usted, son la maleza que enturbia esta sociedad! ¿Y sábe qué se hace con la maleza? ¡Zac! ¡Hay que arrancarla de cuajo!
Ernesto traga saliva antes de contestar. El sudor cada vez más denso y caliente se le desliza por la espalda. La ha visto de reojo, es la misma. La chiquilla es la misma, aunque aquél día su tez era más rosada. Aquel día, uno de esos días, vino sola. Sola, sin la otra señora, la que la acompañaba cada vez, y que lo miraba de la misma forma que doña Ignacia. Ella, la chica, mencionó que quería algo especial, que sabía lo que hacía. Que ya soy grande y usted no es mi papá. No se las voy a mostrar a nadie, dijo, no se preocupe. Dele, don Ernesto… y le acariciaba la camisa. Bueno, bueno, pero sin fumar, que no queda bonito para una señorita. Que no me trate como una chiquilla, usted no es mi papá, insistía.¿De dónde sacaste esos cigarrillos nena? Los trae papá de Londres ¿quiere uno? Claro que no. Menos mal que no soy tu papá, pensaba. ¿Tiene algo para tomar? Algo fuerte, dijo. ¿Jeréz? Sí, está bien, aunque prefiero el brandy, agregó mientras se sacaba el vestido. Entre los encajes sedosos, que apenas cubrían la humanidad de Margarita, unas piernas jugosas se enlazaban y desenlazaban como serpientes. Medusa que a través de la lente de la cámara fotográfica petrificó a Don Ernesto. Al rato, ella se acercó y le habló al oido. Mencionó algo de  la virginidad…
– ¡Señorita, señorita! ¡Usted no tiene recato! dijo él mientras se dejaba acariciar.
-¿Le parece?


– Oiga. ¿Puede decirme qué es esto? y le arroja el paquete de fotos sobre el escritorio.
– Tome asiento. Señora… Podemos conversar, yooo… yo le explico…
– ¡Qué puede explicar!¿Usted cree que hay algo que explicar? No quiero oir parlamentos inútiles. En todo caso le explicaré yo. Cómo le dije antes, su padre me encargó, «especialmente» el cuidado de la niña. ¿Sabe lo que puede pasar si algo llegara a oídos de él? ¿Sábe? espetándole muy cerca de la cara. Usted … se convertiría, lisa y llanamente, en alimento ¡para perros de campo! Terrible ¿no es cierto? Sí, no me mire así. No crea que lo estoy amenazando, porque lo peor es queee… Y acercándosle al oido susurra: – ¡En estooo, estamos usted y yo juntos!
La mujer se da vuelta y dirigiéndose a la joven ordena – Querida, ¿podrías ir a esperarme al auto un momento? Esplícale a Pedro que ya vamos…
– Pedro es nuestro chofer, que es un poco cascarrabias y ya se debe estar impacientando. A  lo nuestro. Sabe lo que pasa. Entre nos, lo de la chica… es genético – menciona Doña Ignacia con un tono sórdido.
– ¿A qué se refiere?
– Ahora sí, le acepto un jerecito… Tengo la garganta un poco seca.
– Le decía, yo la he criado y ella es para mí como una hija. Casi. El coronel es un hombre muy ocupado. Viaja mucho… por su trabajo. Pero ésta… estaa… criatura, es la luz de sus ojos, dice. La colma de regalos, se desvive, la malcría, ¡Derrocha! En una palabra, es su debilidad. Pobrecita mi niña, suele lamentarse, ha sufrido tantito… ¡Tantito me ha hecho sufrir a mí la malcriada! ¡Así como la vé, con esa carita de porcelana, es la pestee! Traté, siempre, traté de entenderla, porque perder a la madre de tan niña…
– ¿A qué edad quedó huerfanita?
-¡Qué va! Huérfana, lo que se dice huérfana no es. ¡No ha hecho otra cosa que convertir mi vida en un calvario! No conoce el respeto ni la autoridad. Me desafía, y lo peor de todo ¿sabe qué es? El le dá la razón. Por eso, le pido, si quiere que usted y yo continuemos ¡vivos! Por favor, destruya de inmediato esas fotos y no deje ningún rastro. ¡Ni un sólo vestigio!
– ¿Para tanto le parece? pálido y con la voz hecha un hilito.
– No exagero un ápice. – levantando el índice, como una sentencia.
-¿Y la madre?
– La madre… la madre. ¡Esa es la cuestión! Cuestión o herencia ¿me comprende? No, veo que no comprende nada. El asunto es que él se dejó llevar y cayó en la trampa. Pecados de juventud, le dicen. Soltero, con gran fortuna.¡Pero fíjese el destino! ¡Morir en un … un… burdel!
– ¿Morir? ¿Quién?
– Ay, Don Ernesto, en un sentido figurativo. Lo creía más despierto… ¡Con esa cara de bobote que tiene!  No se ofenda, por favor. Si me cae hasta… simpático, diría.
– Le decía, cuando lo conocí, el coronel, que todavía no vestía de coronel, era apenas una sombra de lo que había sido. Sólo, abatido y con una criatura de cinco años. ¡Imagínese! Conmigo su vida retomó un rumbo, el orden que nunca había tenido. Mire, mi madre siempre decía: El hombre siempre necesita una mujer que le maneje la hacienda…
– Claro… asiente Don Ernesto con un tono apesadumbrado.
– ¿Usted?… digo…
– Enviudé hace más de diez años…
– ¡Cuánto lo siento! 
– No se preocupe, ha pasado taanto…
– Una reflexión en voz alta, no tiene importancia. ¡Diga que él tuvo la suerte de conocerme a mí! Y poder salir de ese abismo en el que  estaba inmerso. ¡Quien le dice, a lo mejor usted también le llega una mujer como yo! ¡Nunca hay que perder las esperanzas Don Ernesto! ¡Nunca!
– Si usted lo dice… – esboza bajito el hombre, cruzando los dedos a sus espaldas.
– ¡Que no le toque una como ésta! ¡Cada día se parece más a la madre! Ésa que un día desapareció…
– ¿Cómo que desapareció?
– Y sí, fíjese que nadie supo bien cuál fue el destino de la muchacha, la primera mujer del Coronel. Se esfumó, literalmente. Pobrecito, él nunca una palabra al respecto, pero las cosas se saben.
-¿Y… qué le pasó?
– Se dice que volvió a sus «orígenes». Aunque, hay otra versión, menos piadosa. Resultó ser que en los últimos tiempos, un «supuesto primo lejano», de ella, comenzó a frecuentar la casa. ¡En ausencia del esposo! El resto de la historia, imagínesela.  ¡Sí, era una «casquivana» esa mujer! No hay nada que hacer, eso se lleva en la sangre, fluye en las células, es como el instinto de una bestia salvaje. Por más que uno quiera domesticar al lobo y se esfuerce por convertirlo en un perrito faldero, vanos serán los intentos. ¡Qué va! – doña Ignacia revoleando la sombrilla con vehemencia.
– Señora, si me permite… pronuncia el fotógrafo mirando el reloj con inquietud.
– Aguarde, todavía no terminé. ¡No sea maleducado! En cuanto a la chica es ¡la piel del mismo Judas! Yo le recomendaría, por su propio bien… – con un tono lúgubre y acartonado: -Haga de cuenta que nunca la ha visto. ¡Borre todo registro! ¡Olvídese! Sino, le aseguro, la maldición puede caerle encima… Es que… en ella… habita «el gen».
– ¿El gen? ¿Qué gen? repite Don Ernesto.
– El gen de la inmoralidad, mi querido. Un estigma que se propaga por generaciones, y ensucia. Le aseguro que corroe todo a su alrededor. ¿Usted tiene idea? ¿Sábe lo que he luchado para erradicarlo? Noches y noches, sin dormir, velando por ella. Médicos, enfermeras, institutrices, educación privilegiada, pero nada, ese destello mórbido en la mirada, nunca cedió. ¡Qué va! ¡Empeoró con el correr de los años! – doña Ignacia de reojo con los ojos rabiosos.
– Una mañana, al entrar a su cuarto lo comprendí todo. La ví, sentada en el marco de la ventana, semivestida, en la plenitud de sus quince años, observándome por arriba del hombro. Un halo saturado, fatídico, invadía el cuarto. Desde la mesa de luz, como un calco,  vigilaba el retrato de su madre. Con la misma pose y esa sonrisa burlona e inasequible. He consultado a multitud de profesionales, pero, créame, nadie ha podido ayudarme. Es una marca invisible y absoluta que asola a un porcentaje considerable de la humanidad, y que en un futuro, si nuestros científicos no lo controlan, podría llegar a diezmar a gran parte de la población. ¡Las generaciones futuras se encuentran bajo la sombra de una amenaza!
– Por eso, y para ir redondeando la idea…- La mujerota abre la cartera y saca un fajo de billetes, de espesor considerable. Se lo pone delante. Don Ernesto, más mudo aún y con los ojos desorbitados hace un racconto de sus cincuenta años y llega a inmediata conclusión. No recuerda haber visto antes, tanto dinero junto.
– Tómelo como una contribución a su labor. Mañana, cuando abra los ojos todo esto habrá sido nada más que un sueño… ¡Todo! ¡Absolutamente todo!


Tatita (siguiente cuento de los rescatados del antiguo arcón blog Cuentos en Sincronía)



Tatita

Uno no se conoce a sí mismo hasta que atrapa el reflejo
de otros ojos que no sean humanos.-
Loren Eiseley (antropólogo)
La llegada

El viaje a la Pampa vaya si nos cambió la vida.
Nunca imaginé que la visita a la hacienda de Tia Juana contribuyera aun más al crecimiento de nuestra familia, por entonces ya numerosa. Cuando Tatita llegó a nuestra casa ni siquiera vislumbrábamos lo que se traería bajo el poncho de plumas…
En eso siempre nos distinguimos de nuestros vecinos, que solían mirarnos con un dejo de desconfianza. Además de perro y gato, como Dios manda, en casa contábamos en ese entonces con un lagarto overo, iguana, un jaulón con pájaros de distinta extirpe, tortuga y una cotorra muy mañosa que, por caprichos de Matilde, mi hija menor, andaba paseando sus patitas sobre la alfombra del comedor y empeñada en adueñarse de la sala de estar.
Hasta allí podía ser tolerable.
La complicidad entre Matilde y Belisario, mi esposo, para convertir a nuestra tranquila morada en un refugio para todo tipo de bestia salvaje llegó al colmo cuando a mi niña le atacó el síndrome de Harry Potter. Fue un temor que en mi se suscitó desde ésa vez que vimos la primera de la saga.
Como dicen, todo lo que uno teme termina convirtiendose en realidad.
En aquel verano decidimos pasar unos dias en la Estancia de mi Tia Juana, donde Matilde, Lila, la mayor y Belisario desaparecían, apenas pasado el desayuno. Se lanzaban por el campo en interminables excursiones a pie, o en cabalgatas desmesuradas que me sacaban de quicio. A veces los acompañaba, por un rato. Nunca tuve tanta pasión por la vida natural. Prefería, entonces, quedarme en la hacienda con la tía, que se desvivía por darme las últimas recetas de dulces caseros y postres exóticos con frutos del lugar.
Lila lo había comentado en el auto, de viaje a la Estancia. Casi quedó confirmado el asunto la mañana que, pasando por la habitación donde dormían mis hijas,  escuché, al desliz, una extraña conversación.
– ¿Cómo podés pensar en brujas? Esas son ideas del medioevo nena. La ciencia hoy día está muy lejos de toda esa fruslería.
– ¡Ay! ¡La ciencia, la ciencia! Bastante tengo con la escuela para que me vengas a hablar de ciencia y de… Oíme ¿qué tiene que ver la frutería en todo esto?
– Fruslería, uf… ¡Para qué te voy a explicar!
– Sí mejor, no me expliques. ¡Ya vas a ver cuando la tenga y me convierta en una poderosa hechicera! Buuu… Mmm gato negro ya tengo, sapos tengo, en el jardín…
– Nena, esas películas te están afectando muy mal… exclamó Lila convencida.
A lo que Mati, ni corta ni perezosa respondió – ¿Y a vos? La facu y tu ciencia te están lavando el cerebro…
– Si claaro, porque tener una lechuza es algo muuy normal…
¿Lechuza? Repetí para mis adentros.
– Hola, ¿Interrumpo? dije, ingresando a su cuarto de sopetón.
-Chicas, son las once. ¿Hoy no piensan desayunar?
-Si, ya vaaamos, me contestaron al unísono, todavía con las sábanas hasta el cuello.
Miré el desorden de la habitación y me resigné al pueril desgano que asedia a la juventud de nuestros tiempos.
Tatita llegó esa misma tarde.
Después de un almuerzo frugal un pavoroso cuchicheo se esparció por la casa. Belisario y las chicas iban y venían como fantasmas, hasta que salieron juntos, poco después. Las tres figuras se alejaron a pie por el monte. Literalmente desaparecieron.
Al rato, antes que caiga el sol oí el chirrido de la tranquera. La puerta del comedor se abrió, e instintivamente miré.
Era un bodoque en el que, contenido, asomaban unas plumitas blancuzcas. Distinguí con esfuerzo la cara del bicho.
La actitud sería la misma que tendría por el resto de nuestra convivencia. Escrutándome, con esos ojazos negros, de par en par, abiertos al infinito.
Alguien alcanzó a decir: – ¡Es que estaba solita! Parecía abandonada.¡Pobrecitaa!
Ahí me di cuenta que la criatura venía envuelta en el pulover de Belisario,  y que el mismo la acunaba como un bebé.
– ¡Mirá lo que hiciste con el pulóver nuevo! – agarrándome la cabeza.
-¿No es hermosa? Insistió Lila.
Tia Juana me miró de reojo y se dio cuenta de mi cara.
–     Nené ¡qué importa el pulóver! dijo y largó una sonora carcajada, haciendo temblar el caserón con su panza de globo terráqueo. Luego nos contó la historia de las lechuzas vizcacheras. De cómo, llegada la edad, son echadas del nido por sus padres para que asuman su vida de adultos. A todos se nos hizo un nudo en la garganta.
Tatita había hallado un nuevo hogar. Aunque a mí me dominaba un pálpito.

La visita

La puerta de su casa estaba abierta. El cielo de diamante, encarcelado en el marco de la puerta, atesoraba estrellas. Al trasluz, una figura bajo el dintel. La mujer se adelantó. Un rostro níveo, indefinido se reflejaba bajo la lumbre. La miraba apacible, espectante. Es cierto que no era un ángel, pero podía serlo.
La cabellera, fundida con la noche. Algo que la mujer llevaba en el pecho llamó la atención de Nené. Un brillo metálico, áureo emitía un haz hacia el ambiente. Casi no se podía distinguir su boca. Todo estaba en sus enormes perlas negras. Esos ojos, de par en par, abiertos al infinito.
– ¿Quién sos? Preguntó Nené y se escuchó el silbido del viento.  Se persignó.
– Sabes muy bien quién soy – escuchó en su cabeza.
– Eres…
– Nené, el tiempo es un animal escurridizo…
– ¿Cómo sabes mi nombre?
La mujer del halo parecía sonreir con la mirada.
–       Conozco todo de ti –
–       Es extraño pero tu rostro me suena familiar.
–       En cierta forma es así. Existen múltiples niveles de existencia …
–       ¿Qué es todo esto? ¿A qué viniste?
Un haz dorado creció invadiéndolo todo y la risa se esparció por el aire en un tintineo. En el fondo la música sonaba a violines. La sala se fue fundiendo y, en su lugar, algo similar a una pantalla cinematográfica mostraba una escena. Se trataba de una especie de atelier.
Nené vio a otra Nené. Parada frente a un mural colorido. La “otra” esgrimía el pincel, regodeandose entre los tonos y texturas de la paleta que sostenía en su otra mano, como en las antiguas épocas de estudiante de bellas artes…
– Hay una voz que grita adentro tuyo. La frase resonó con un eco y todo se extinguió volviendo a la habitación.
¿Eres feliz? Preguntó apacible la mujer del halo dorado.
–       ¿Cómo que si soy feliz?
–       ¡Qué pregunta es ésa! ¡Síiiii, soy feliiiiz, soy feliiiiz! ¡Siiiiiii, lo soyyyyy…!
–       ¡Nené, Nenéee, despertáte! ¡Tranquila! No grités más. Es sólo un sueño…la voz de Belisario apaciguándola. Un trueno quebró la madrugada…
Ese fue el primero de mis sueños. A la mañana siguiente, ni bien me levanté fui a ver a la lechuza. Ahí estaba, espectante. Parecía sonreirme con la mirada.

El desenlace

Habíamos vuelto de la estancia, a nuestro ritmo cotidiano. Tatita ya había dejado de ser el centro de atención para todos, menos para mí. Belisario todo el día en el taller mecánico. Las chicas cada una preocupada en sus estudios.
Yo, como siempre, en casa…
Daba la impresión que nada se había salido de su cauce, excepto la presencia de Tatita en el comedor, presencia que todo lo abarcaba a pesar de tratarse de un ave pequeña.
Lo del nombre lo acordamos entre todos en honor a Doña Clodomira, mi suegra, que en paz descanse, con la cual el bicho atesoraba un parecido indiscutible.
Aquel sueño me había dejado perturbada. Más tarde la actitud  del gato me inquietó aún más. Al principio lo vigilaba para que Tatita no se convirtiera en un bocado. La cotorra, en cambio, sabía defendenrse y nuestro viejo felino sucumbía frente a los picotazos.
Tatita, en cambio, era un juguete nuevo. Sobre todo por los sonidos que emitía por las noches. Cierta vez los espié detrás de una cortina. El gato revivía encolerizado frente al palo donde Tatita, inmovil, lo observaba. Hasta que en un momento se quedaba tieso. Miránbase el uno al otro. En un rictus marmóreo permanecían así indefinidamente. Me dio la sensación que entre ellos había un diálogo. En algun momento el michi se alejaba directo al sillón, volviendo a convertirse en ese almohadón redondo que todos adorábamos. Una suerte de ritual que cada día se repetía. Aunque hubiera sido una buena excusa para deshacernos del búho, tuve la certeza de que el gato nunca significaría un peligro real para su vida.
El mismo sueño se fue repitiendo, cada tanto, hasta hacerse cotidiano. Una pesadilla inacabable que me perseguía y me perseguía. Al tiempo, crecía mi perturbación. Belisario hasta se había resignado a mandarme al psicólogo. Se hizo notorio un cambio en mi carácter. Vivía ofuscada, apática, irascible. De la depresión a la euforia en un santiamén. Hubiera jurado que en el momento menos pensado sacaría un alien de mis extrañas.
La casa era una montaña sobre mis hombros, casi una estructura carcelaria. Comencé a observar que si no cocinaba, todos los días, alguien podía hacerlor por mí. El mundo no  caía a pedazos si yo no estaba detrás de la limpieza. Las chicas empezaron a desconcertarse. Ya no las regañaba para que ordenen sus cuartos. Todo se había convertido en un Laissez faire, laissez passer…
Belisario ya empezaba a mirarme con otros ojos. La situación iba tornándose insostenible.
Hasta que una mañana, me desperté con la claridad del día.
Sentí un bienestar inusitado. Me habían vuelto las ganas de vivir.
Mi esposo roncaba, todavía. Pegué un salto de la cama y en un impulso abrí la ventana. No me equivoqué. La ví volando, alejándose. Me pareció que en algún momento se volvió. Sus enormes perlas negras abiertas al infinito brillaban como estrellas.
Apenas saludé.
Al rato, después de un baño perfumado saqué del ropero mi mejor vestido. Usé unos cosméticos de mis hijas para maquillarme y  salí por la puerta de calle.
Ya en la vereda, me cruzé con la vecina de enfrente que me miró de arriba abajo como si hubiera visto al diablo. La saludé y dije – ¡Lindo día! ¿No? Y me alejé hacia los suburbios en busca de un buen atril, un lienzo y algunos pinceles.