miércoles, 14 de junio de 2017

Humanos, corazas y mochilas - Relato breve



Es sabido que la gente lleva corazas a sus espaldas. Las corazas se transforman en mochilas de contenido variado, acorde a las vivencias de su portador y cuán apegado sea éste a guardar algo todo los días.
Algunas duelen y otras no tanto. Las hay de distintos tamaños y colores pero, sin duda, lo que tienen en común es que todas son pesadas.
Varían según la edad y la profesión. En los ancianos son etéreas, parecidas a las alas de un ángel. Las de los jóvenes son las más ligeras pues llevan el porvenir.
Los equilibristas arrojan las suyas al vacío, mientras están en altura, las cuales caen como espadas entre el público azorado, desparramando mutismo y asombro.
En cambio, los payasos, las llenan de risas estruendosas pero de corta vida. Son las más curiosas, ya que pueden contener desde un gato hasta una sopapa vieja. Dicen, por si las moscas.
En cambio, las de las mujeres son muy especiales. A ellas les encanta guardar, entre otros menesteres, sombras de un viejo amor y un botiquín de primeros auxilios para algún alma herida que aparezca en su camino. En los bolsillos laterales, bien a mano, están las caricias, y en un bolsillo oculto, los secretos del tiempo. Sin duda, estas mochilas tienen un valor incalculable.
Las más caprichosas son las mochilas de escritor, ya que funcionan,  como un saco roto. Cuando se mete la mano para buscar palabras, las muy atrevidas se esconden y no hay modo de hallar nada dentro. O por el contrario, saltan las frases innecesarias, las incordes, las que no riman.
Hasta que por arte de magia, se produce el milagro.
Brotan las ideas como una catarata que inunda las calles y comienzan a rodar por el mundo.
Es, ese preciso instante, en el cual la mochila deja de pesar, sólo por un rato.

Adriana M. Alfonso



Foto: Mochilera en montaña

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