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lunes, 9 de enero de 2017

8 Consejos a la Hora de un Cambio a una Vida New Age


“Cuando nos damos cuenta de lo insostenible de nuestro camino actual, y de que puede haber una ruta más satisfactoria, estamos listos para descubrir la finalidad de nuestra alma de un modo conciente.” La misión de tu alma – Linda Brady


Si algo adoro de estos tiempos acuarianos es la caída de los falsos gurúes.
Lo hermético se abre y el conocimiento es recuperado. Siempre y cuando entendamos el mensaje de lo que significa ese Cambio.

Cada uno tiene su propio maestro interior. Eso lo vamos entendiendo, razón por la cual los falsos gurúes se van desvaneciendo.

El tránsito de Saturno por Sagitario aporta inmensa ayuda para liberarnos de las ataduras que aún tenemos. Hasta ahora buscábamos la verdad afuera, alguien que nos guíe, un salvador que nos diga por donde es el camino, pero eso ya no sirve.

¿Estamos preparados para ejercer nuestra autonomía como seres multi  dimensionales? Reconocer nuestro poder es fundamental. Somos seres espirituales en trajes humanos.

He sentido la necesidad de escribir sobre algunas cuestiones que suelen sorprender a quienes deciden, por diversos avatares de la vida, iniciar un camino espiritual, les urge un cambio hacia una vida New Age. Un problema de salud, la quiebra financiera, o un ser querido que dejó este mundo pueden ser motivos para conducirnos a una búsqueda interior.

Más allá de lo doloroso que pueda ser el tránsito es la instancia que puede marcar un antes y un después en nuestras vidas. ¡Bendito sea el momento en que esto acontece!.Tomamos la decisión y vamos hacia el bienestar. Pero, como ocurre en todos los ámbitos, puede haber piedras en el camino.

Al poco tiempo de iniciar esa búsqueda de todo aquello que nos hagan sentir bien, que nos lleve a comprender algo más sobre nosotros mismos, empezamos a entender que no todo es color de rosa. Sentimos esa necesidad de búsqueda interior, el alma nos llama a hacer un cambio. Nos interesamos por comenzar a cambiar hábitos de vida, nos informamos, averiguamos, aparece un buen amigo que nos recomienda hacer algún curso, alguna terapia. Comenzamos un recorrido por diversas terapias, yoga, reiki, tarot, astrología, registros akáshicos, etc. Una lista  interminable de técnicas, algunas más conocidas y otras que no tanto.

Es asombroso cómo cada dia aparecen técnicas nuevas canalizadas por algún nuevo maestro.

Ante la infinidad de ofertas de terapias y técnicas espirituales casi nos mareamos. Como el universo nos trae lo que estamos buscando se nos aparecen diversidad de terapeutas, facilitadores, coaches, “givers”, “maestros”, y hasta “maestros de maestros( Oh Dios mío!). “Busca y encontrarás”.

Aquí es donde llega el momento en el cual tienes que agudizar tu “intuición” Sí, se lo que que estás pensando. “¿De qué intuición habla esta mujer? ¡Si yo no tengo intuición!” Pues sí, tu intuición está latente en ti, todos la tenemos. Es esa sensación en el cuerpo que te indica algo, una corazonada, un pensamiento. Por ejemplo si al llegar al lugar donde harás ese curso tan esperado sientes que algo no anda bien y te dices: Mmm algo aquí me huele mal” pero no sabes bien qué es. Ok, es el momento de huir. Si tu intuición te dice que algo no anda bien ahí, sal corriendo. No dejes que nada ni nadie intente convencerte de lo contrario, por más que te digan que al irte te perderás la Iluminación para siempre y quedarás condenada al camino de la Oscuridad. 

Es que en este camino de la espiritualidad hay de todo, como te decía, no todo es color de rosa. Como en todos los ámbitos, por supuesto. Puede ocurrir que aparezcan personajes que se quieran aprovechar de un tierno corderito como tú que recién se inicia en estos menesteres de la espiritualidad, de la Vida New Age.  Cuyo unico interés sea lucrar contigo. ¿Difícil darte cuenta de quien quiere engañarte a cambio de dejarte pelado como un pollito? No, usa tu intuición, la corazonada te lo dirá. Por supuesto que si no tienes conocimiento ¿como puedes refutar al que supuestamente “sabe”? 

Intuición, sentido común y no entregar tu poder a ciegas, son la clave.

Nadie puede dominarte ni tiene la verdad absoluta.

Mira, para que no te sientas mal, en mis comienzos he llegado a escuchar a quien se hacía llamar “terapeuta” (que resultó ser un gran estafador) decir que “si haces running los chakras se te caerán”, por eso les indicaba a sus clientes no salir a correr.

¡Ay Dios mío! ¡Cómo alguien puede decir semejante estupidez! Los chakras o centros de energía son parte de tu campo aúrico, pueden sufrir cambios pero no se caen ni los pierdes por el camino. Es como si alguien te dijera, no corras porque se te van a caer las ideas. Bueh… 

Y así para acceder al bienestar o al conocimiento podemos llegar a pagar un alto precio. Pero el dinero sería lo menos importante de perder.

Es muy impactante ver como inescrupulosos con un gran bolazo de mentiras se aprovechan de personas con problemas de salud.

Quizá estés pensando ¿cómo alguien puede aprovecharse de una persona que busca ayuda porque quiere superar un cáncer? Pues los hay, y sin nada de escrúpulos. Por eso abre bien los ojos y, por sobre todo, tu intuición. Sí, sólo tienes que aprender a escucharla.

Por eso, si estas por incursionar en algún curso o terapia alternativa que un amigo te ha recomendado, y que si o si tienes que hacer para sentirte mejor, ten en cuenta estos humildes consejos que aquí van:

1)     Si estás en un lugar y no te sientes a gusto, retírate.

2)     Las terapias energéticas, son energéticas, nadie necesita tocarte para transmitirte energía.


3)     Si alguien se hace llamar Maestro, al menos permítete el beneficio de la duda. Ten en cuenta que los grandes Maestros espirituales son humildes.

4)     Si alguien se hace llamar Profesor, pregunta: ¿profesor de qué eres? He conocido gente que imparte cursos de diferentes Terapias Alternativas y se hace llamar Profesor, luego averiguas un poco y es profesor de Matemáticas o de Historia.


5)     En el campo de las Terapias Alternativas y conocimientos espirituales nadie es más que tú. Todos tenemos dones, si alguien dice que tiene dones, que tú no tienes, permítete el beneficio de la duda. Nunca dejes que nadie te haga sentir que eres menos. No dejes que te manipulen. Si alguien te dice: Tienes un trabajo o una brujería, pues ten cuidado, ya que su intención es sacarte el dinero a cambio de “salvarte”.


6)     Si alguien, que no sea un médico, psicólogo, profesional acreditado,  pretende inculcarte miedo manipulándote a partir de decirte que la única salvación que tienes es que sigas con su “terapia” (pagándole o trabajando para ellos), lo mejor es que huyas. ¡Eres libre!. Nunca olvides eso, y puedes decidir siempre. Nadie puede obligarte a hacer lo que no quieres, por más maestro sanador, profesor o terapeuta que sea.


7)     Si a pesar de todo eres víctima de algún engaño, bueno será experiencia, ya la próxima no caerás tan fácilmente y los reconocerás a la distancia, e incluso podrás alertar a otros. Todo ocurre por algo.


8)     No creas todo lo que te dicen, incluso lo que aquí te digo. Averigua. Investiga. Usa el sentido común, y sobre todo haz lo que te haga sentir bien, lo que te haga sentir realmente libre y feliz.

¿Has pasado por alguna situación en la que te sentiste desencantado o incluso estafado en tu expectativa respecto a algún terapeuta espiritual o profesor?


 

“Cuando nos damos cuenta de lo insostenible de nuestro camino actual, y de que puede haber una ruta más satisfactoria, estamos listos para descubrir la finalidad de nuestra alma de un modo conciente.” La misión de tu alma – Linda Brady

 

domingo, 16 de octubre de 2016

Tatita (siguiente cuento de los rescatados del antiguo arcón blog Cuentos en Sincronía)



Tatita

Uno no se conoce a sí mismo hasta que atrapa el reflejo
de otros ojos que no sean humanos.-
Loren Eiseley (antropólogo)
La llegada

El viaje a la Pampa vaya si nos cambió la vida.
Nunca imaginé que la visita a la hacienda de Tia Juana contribuyera aun más al crecimiento de nuestra familia, por entonces ya numerosa. Cuando Tatita llegó a nuestra casa ni siquiera vislumbrábamos lo que se traería bajo el poncho de plumas…
En eso siempre nos distinguimos de nuestros vecinos, que solían mirarnos con un dejo de desconfianza. Además de perro y gato, como Dios manda, en casa contábamos en ese entonces con un lagarto overo, iguana, un jaulón con pájaros de distinta extirpe, tortuga y una cotorra muy mañosa que, por caprichos de Matilde, mi hija menor, andaba paseando sus patitas sobre la alfombra del comedor y empeñada en adueñarse de la sala de estar.
Hasta allí podía ser tolerable.
La complicidad entre Matilde y Belisario, mi esposo, para convertir a nuestra tranquila morada en un refugio para todo tipo de bestia salvaje llegó al colmo cuando a mi niña le atacó el síndrome de Harry Potter. Fue un temor que en mi se suscitó desde ésa vez que vimos la primera de la saga.
Como dicen, todo lo que uno teme termina convirtiendose en realidad.
En aquel verano decidimos pasar unos dias en la Estancia de mi Tia Juana, donde Matilde, Lila, la mayor y Belisario desaparecían, apenas pasado el desayuno. Se lanzaban por el campo en interminables excursiones a pie, o en cabalgatas desmesuradas que me sacaban de quicio. A veces los acompañaba, por un rato. Nunca tuve tanta pasión por la vida natural. Prefería, entonces, quedarme en la hacienda con la tía, que se desvivía por darme las últimas recetas de dulces caseros y postres exóticos con frutos del lugar.
Lila lo había comentado en el auto, de viaje a la Estancia. Casi quedó confirmado el asunto la mañana que, pasando por la habitación donde dormían mis hijas,  escuché, al desliz, una extraña conversación.
– ¿Cómo podés pensar en brujas? Esas son ideas del medioevo nena. La ciencia hoy día está muy lejos de toda esa fruslería.
– ¡Ay! ¡La ciencia, la ciencia! Bastante tengo con la escuela para que me vengas a hablar de ciencia y de… Oíme ¿qué tiene que ver la frutería en todo esto?
– Fruslería, uf… ¡Para qué te voy a explicar!
– Sí mejor, no me expliques. ¡Ya vas a ver cuando la tenga y me convierta en una poderosa hechicera! Buuu… Mmm gato negro ya tengo, sapos tengo, en el jardín…
– Nena, esas películas te están afectando muy mal… exclamó Lila convencida.
A lo que Mati, ni corta ni perezosa respondió – ¿Y a vos? La facu y tu ciencia te están lavando el cerebro…
– Si claaro, porque tener una lechuza es algo muuy normal…
¿Lechuza? Repetí para mis adentros.
– Hola, ¿Interrumpo? dije, ingresando a su cuarto de sopetón.
-Chicas, son las once. ¿Hoy no piensan desayunar?
-Si, ya vaaamos, me contestaron al unísono, todavía con las sábanas hasta el cuello.
Miré el desorden de la habitación y me resigné al pueril desgano que asedia a la juventud de nuestros tiempos.
Tatita llegó esa misma tarde.
Después de un almuerzo frugal un pavoroso cuchicheo se esparció por la casa. Belisario y las chicas iban y venían como fantasmas, hasta que salieron juntos, poco después. Las tres figuras se alejaron a pie por el monte. Literalmente desaparecieron.
Al rato, antes que caiga el sol oí el chirrido de la tranquera. La puerta del comedor se abrió, e instintivamente miré.
Era un bodoque en el que, contenido, asomaban unas plumitas blancuzcas. Distinguí con esfuerzo la cara del bicho.
La actitud sería la misma que tendría por el resto de nuestra convivencia. Escrutándome, con esos ojazos negros, de par en par, abiertos al infinito.
Alguien alcanzó a decir: – ¡Es que estaba solita! Parecía abandonada.¡Pobrecitaa!
Ahí me di cuenta que la criatura venía envuelta en el pulover de Belisario,  y que el mismo la acunaba como un bebé.
– ¡Mirá lo que hiciste con el pulóver nuevo! – agarrándome la cabeza.
-¿No es hermosa? Insistió Lila.
Tia Juana me miró de reojo y se dio cuenta de mi cara.
–     Nené ¡qué importa el pulóver! dijo y largó una sonora carcajada, haciendo temblar el caserón con su panza de globo terráqueo. Luego nos contó la historia de las lechuzas vizcacheras. De cómo, llegada la edad, son echadas del nido por sus padres para que asuman su vida de adultos. A todos se nos hizo un nudo en la garganta.
Tatita había hallado un nuevo hogar. Aunque a mí me dominaba un pálpito.

La visita

La puerta de su casa estaba abierta. El cielo de diamante, encarcelado en el marco de la puerta, atesoraba estrellas. Al trasluz, una figura bajo el dintel. La mujer se adelantó. Un rostro níveo, indefinido se reflejaba bajo la lumbre. La miraba apacible, espectante. Es cierto que no era un ángel, pero podía serlo.
La cabellera, fundida con la noche. Algo que la mujer llevaba en el pecho llamó la atención de Nené. Un brillo metálico, áureo emitía un haz hacia el ambiente. Casi no se podía distinguir su boca. Todo estaba en sus enormes perlas negras. Esos ojos, de par en par, abiertos al infinito.
– ¿Quién sos? Preguntó Nené y se escuchó el silbido del viento.  Se persignó.
– Sabes muy bien quién soy – escuchó en su cabeza.
– Eres…
– Nené, el tiempo es un animal escurridizo…
– ¿Cómo sabes mi nombre?
La mujer del halo parecía sonreir con la mirada.
–       Conozco todo de ti –
–       Es extraño pero tu rostro me suena familiar.
–       En cierta forma es así. Existen múltiples niveles de existencia …
–       ¿Qué es todo esto? ¿A qué viniste?
Un haz dorado creció invadiéndolo todo y la risa se esparció por el aire en un tintineo. En el fondo la música sonaba a violines. La sala se fue fundiendo y, en su lugar, algo similar a una pantalla cinematográfica mostraba una escena. Se trataba de una especie de atelier.
Nené vio a otra Nené. Parada frente a un mural colorido. La “otra” esgrimía el pincel, regodeandose entre los tonos y texturas de la paleta que sostenía en su otra mano, como en las antiguas épocas de estudiante de bellas artes…
– Hay una voz que grita adentro tuyo. La frase resonó con un eco y todo se extinguió volviendo a la habitación.
¿Eres feliz? Preguntó apacible la mujer del halo dorado.
–       ¿Cómo que si soy feliz?
–       ¡Qué pregunta es ésa! ¡Síiiii, soy feliiiiz, soy feliiiiz! ¡Siiiiiii, lo soyyyyy…!
–       ¡Nené, Nenéee, despertáte! ¡Tranquila! No grités más. Es sólo un sueño…la voz de Belisario apaciguándola. Un trueno quebró la madrugada…
Ese fue el primero de mis sueños. A la mañana siguiente, ni bien me levanté fui a ver a la lechuza. Ahí estaba, espectante. Parecía sonreirme con la mirada.

El desenlace

Habíamos vuelto de la estancia, a nuestro ritmo cotidiano. Tatita ya había dejado de ser el centro de atención para todos, menos para mí. Belisario todo el día en el taller mecánico. Las chicas cada una preocupada en sus estudios.
Yo, como siempre, en casa…
Daba la impresión que nada se había salido de su cauce, excepto la presencia de Tatita en el comedor, presencia que todo lo abarcaba a pesar de tratarse de un ave pequeña.
Lo del nombre lo acordamos entre todos en honor a Doña Clodomira, mi suegra, que en paz descanse, con la cual el bicho atesoraba un parecido indiscutible.
Aquel sueño me había dejado perturbada. Más tarde la actitud  del gato me inquietó aún más. Al principio lo vigilaba para que Tatita no se convirtiera en un bocado. La cotorra, en cambio, sabía defendenrse y nuestro viejo felino sucumbía frente a los picotazos.
Tatita, en cambio, era un juguete nuevo. Sobre todo por los sonidos que emitía por las noches. Cierta vez los espié detrás de una cortina. El gato revivía encolerizado frente al palo donde Tatita, inmovil, lo observaba. Hasta que en un momento se quedaba tieso. Miránbase el uno al otro. En un rictus marmóreo permanecían así indefinidamente. Me dio la sensación que entre ellos había un diálogo. En algun momento el michi se alejaba directo al sillón, volviendo a convertirse en ese almohadón redondo que todos adorábamos. Una suerte de ritual que cada día se repetía. Aunque hubiera sido una buena excusa para deshacernos del búho, tuve la certeza de que el gato nunca significaría un peligro real para su vida.
El mismo sueño se fue repitiendo, cada tanto, hasta hacerse cotidiano. Una pesadilla inacabable que me perseguía y me perseguía. Al tiempo, crecía mi perturbación. Belisario hasta se había resignado a mandarme al psicólogo. Se hizo notorio un cambio en mi carácter. Vivía ofuscada, apática, irascible. De la depresión a la euforia en un santiamén. Hubiera jurado que en el momento menos pensado sacaría un alien de mis extrañas.
La casa era una montaña sobre mis hombros, casi una estructura carcelaria. Comencé a observar que si no cocinaba, todos los días, alguien podía hacerlor por mí. El mundo no  caía a pedazos si yo no estaba detrás de la limpieza. Las chicas empezaron a desconcertarse. Ya no las regañaba para que ordenen sus cuartos. Todo se había convertido en un Laissez faire, laissez passer…
Belisario ya empezaba a mirarme con otros ojos. La situación iba tornándose insostenible.
Hasta que una mañana, me desperté con la claridad del día.
Sentí un bienestar inusitado. Me habían vuelto las ganas de vivir.
Mi esposo roncaba, todavía. Pegué un salto de la cama y en un impulso abrí la ventana. No me equivoqué. La ví volando, alejándose. Me pareció que en algún momento se volvió. Sus enormes perlas negras abiertas al infinito brillaban como estrellas.
Apenas saludé.
Al rato, después de un baño perfumado saqué del ropero mi mejor vestido. Usé unos cosméticos de mis hijas para maquillarme y  salí por la puerta de calle.
Ya en la vereda, me cruzé con la vecina de enfrente que me miró de arriba abajo como si hubiera visto al diablo. La saludé y dije – ¡Lindo día! ¿No? Y me alejé hacia los suburbios en busca de un buen atril, un lienzo y algunos pinceles.



jueves, 15 de octubre de 2015

SER O NO SER

"No somos seres humanos con una experiencia espiritual. Somos seres espirituales con una experiencia humana". Pierre Teilhard de Chardin


El ser humano posee el libre albedrío, y a cada paso se nos presentan elecciones en nuestro camino. 
Ser o no Ser, supo decir Hamlet. A ello vinimos:  a Ser.

Se dice que antes de llegar a este plano, como almas tenemos un Plan a realizar para esta vida. Cuando encarnamos, ya no recordamos el Plan, pero sí tenemos indicadores muy certeros de cuáles son las partes que encajan en el rompecabezas, y eso lo percibimos. ¡Vaya que lo sentimos! Lo sentimos a través de corazonadas, de sensaciones, sueños, un deja vú,  momentos de gozo y éxtasis, del deseo genuino que sale del corazón, de todo aquello que fluye de nosotros y nos provoca bienestar. 
Allí está nuestra alma manifestándose y “recordándonos” las pistas o huellas de nuestro Plan.

 Todo es cuestión de recordar... 

Todo es cuestión de recordar, se dice. ¿Pero recordar qué? Nuestro Plan. Aquello que nos propusimos hacer antes de venir. El camino a recorrer. 
Por supuesto el ego no nos lo hace fácil. Nacemos y ya hemos olvidado. Así recibimos los condicionamientos de nuestro entorno más cercano y de quienes nos rodean,  nuestros padres y familiares, más tarde  maestros y educadores, y por último la sociedad. 
Así comenzamos a desatender y desconocer esa voz interna (la voz del alma) que nos impulsa a realizar todo aquello que nos hace sentir bien, y el bullicio externo nos va confundiendo, hasta desoir la voz interna totalmente.  

El ego se confunde y no sabe a quién hacerle caso, si a lo de afuera o lo que viene de adentro. "Aprende" a hacer caso al mundo y que portándose bien recibirá sus recompensas.
A quienes deseen profundizar este tema les recomiendo un libro maravilloso: Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz. 

Nuestro Ser interior o espíritu puede ir perdiendo el rumbo. 
Por momentos “recordamos”; el alma se expresa a través de sensaciones, aquellas que nos provoca el estímulo de una pieza musical, o una obra de arte, el contemplar la naturaleza, el deseo de hacer lo que nos gratifica, el hecho de jugar, o la sola presencia de quien amamos. Todas esas instancias son evocadoras de nuestra alma. 

Si las vamos desconociendo. Si dejamos de vivir esas instancias que nos gratifican,  y poco a poco nos vamos encerrando en el "debo hacer", en el miedo o la incertidumbre, en la desconfianza, la ira o la tristeza. Si nos quedamos atascados ahí, cada vez nos desconectamos más del Plan y de nuestra alma. 

Pero ojo! Esas emociones también nos están guiando. En este mundo de dualidades, las emociones negativas nos "indican" por su opuesto aquella emoción que está para desarrollar, que el alma nos "pide" que estimulemos. Un ejemplo: si estamos tristes, sin duda es la alegría lo que debemos aprender a desarrollar, a descubrir la alegría dentro nuestro.

Cuanto más practicamos “oir” las evocaciones del alma, sensaciones que provienen del corazón, más estaremos, como se dice hoy “conectados”.

Estar en equilibrio es estar en armonía y bienestar, ese es el estado natural del Ser y se corresponde con los deseos del alma. 
Cuando eso no ocurre, y ese estado natural de armonía se ha tergiversado, la balanza entre los condicionamientos externos han pesado más que nuestra propia voz interior.

El cuerpo es el vehículo que utilizamos para realizar esta experiencia humana. 
Imaginemos una pantalla de cine donde se proyecta una película. El cuerpo es esa pantalla donde se proyecta la historia. La película no es la pantalla, es un medio para que podamos verla, pero la película en sí está en otro lado. 

Así, nuestra vida es una magnífica saga proyectada en el cuerpo, y en él se cuenta nuestra gran historia, la pasada, la presente y la que vendrá. 
En nosotros está elegir cómo queremos vivir y qué historia contar. 
En cada uno está el elegir cómo queremos que continúe la saga.


Gracias por leerme! Nada es casual, ni siquiera el hecho que estés aquí leyendo estas líneas. 
Te deseo lo mejor!