jueves, 15 de octubre de 2015

SER O NO SER

"No somos seres humanos con una experiencia espiritual. Somos seres espirituales con una experiencia humana". Pierre Teilhard de Chardin


El ser humano posee el libre albedrío, y a cada paso se nos presentan elecciones en nuestro camino. 
Ser o no Ser, supo decir Hamlet. A ello vinimos:  a Ser.

Se dice que antes de llegar a este plano, como almas tenemos un Plan a realizar para esta vida. Cuando encarnamos, ya no recordamos el Plan, pero sí tenemos indicadores muy certeros de cuáles son las partes que encajan en el rompecabezas, y eso lo percibimos. ¡Vaya que lo sentimos! Lo sentimos a través de corazonadas, de sensaciones, sueños, un deja vú,  momentos de gozo y éxtasis, del deseo genuino que sale del corazón, de todo aquello que fluye de nosotros y nos provoca bienestar. 
Allí está nuestra alma manifestándose y “recordándonos” las pistas o huellas de nuestro Plan.

 Todo es cuestión de recordar... 

Todo es cuestión de recordar, se dice. ¿Pero recordar qué? Nuestro Plan. Aquello que nos propusimos hacer antes de venir. El camino a recorrer. 
Por supuesto el ego no nos lo hace fácil. Nacemos y ya hemos olvidado. Así recibimos los condicionamientos de nuestro entorno más cercano y de quienes nos rodean,  nuestros padres y familiares, más tarde  maestros y educadores, y por último la sociedad. 
Así comenzamos a desatender y desconocer esa voz interna (la voz del alma) que nos impulsa a realizar todo aquello que nos hace sentir bien, y el bullicio externo nos va confundiendo, hasta desoir la voz interna totalmente.  

El ego se confunde y no sabe a quién hacerle caso, si a lo de afuera o lo que viene de adentro. "Aprende" a hacer caso al mundo y que portándose bien recibirá sus recompensas.
A quienes deseen profundizar este tema les recomiendo un libro maravilloso: Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz. 

Nuestro Ser interior o espíritu puede ir perdiendo el rumbo. 
Por momentos “recordamos”; el alma se expresa a través de sensaciones, aquellas que nos provoca el estímulo de una pieza musical, o una obra de arte, el contemplar la naturaleza, el deseo de hacer lo que nos gratifica, el hecho de jugar, o la sola presencia de quien amamos. Todas esas instancias son evocadoras de nuestra alma. 

Si las vamos desconociendo. Si dejamos de vivir esas instancias que nos gratifican,  y poco a poco nos vamos encerrando en el "debo hacer", en el miedo o la incertidumbre, en la desconfianza, la ira o la tristeza. Si nos quedamos atascados ahí, cada vez nos desconectamos más del Plan y de nuestra alma. 

Pero ojo! Esas emociones también nos están guiando. En este mundo de dualidades, las emociones negativas nos "indican" por su opuesto aquella emoción que está para desarrollar, que el alma nos "pide" que estimulemos. Un ejemplo: si estamos tristes, sin duda es la alegría lo que debemos aprender a desarrollar, a descubrir la alegría dentro nuestro.

Cuanto más practicamos “oir” las evocaciones del alma, sensaciones que provienen del corazón, más estaremos, como se dice hoy “conectados”.

Estar en equilibrio es estar en armonía y bienestar, ese es el estado natural del Ser y se corresponde con los deseos del alma. 
Cuando eso no ocurre, y ese estado natural de armonía se ha tergiversado, la balanza entre los condicionamientos externos han pesado más que nuestra propia voz interior.

El cuerpo es el vehículo que utilizamos para realizar esta experiencia humana. 
Imaginemos una pantalla de cine donde se proyecta una película. El cuerpo es esa pantalla donde se proyecta la historia. La película no es la pantalla, es un medio para que podamos verla, pero la película en sí está en otro lado. 

Así, nuestra vida es una magnífica saga proyectada en el cuerpo, y en él se cuenta nuestra gran historia, la pasada, la presente y la que vendrá. 
En nosotros está elegir cómo queremos vivir y qué historia contar. 
En cada uno está el elegir cómo queremos que continúe la saga.


Gracias por leerme! Nada es casual, ni siquiera el hecho que estés aquí leyendo estas líneas. 
Te deseo lo mejor!

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